Todos los meses me quitan del sueldo para la jubilación. Se supone, que cuando me jubile, tendré ese dinero ahorrado para pasar una vejez tranquila.
Es más, espero que cuando me toque cobrar, haya más dinero que el que me quitaron, porque todos los meses pago el sueldo de unas personas que son muy capaces (creo), y que invierten mi dinero donde voy a tener buenos intereses.
Pero María Julia, la ministro de Salud Pública, quiere agarrar mi dinero y prestarlo a unas empresas fundidas o semihundidas, que precisan el dinero para que no cierren. Si tienen suerte me devolverán el dinero, y si no, yo lo perderé.
Todos tenemos amigos con problemas de dinero, otros tenemos parientes algo tontos, otros sobrinos que sueñan con poner una empresa pero no tienen capital. Si somos generosos, o queremos ayudar a amigos o parientes, y podemos, les prestamos dinero. ¿Pero prestar nuestro dinero, sin buenas garantías a los amigos de María Julia? Eso es un despojo.
Ni más ni menos (no exagero nada) este es el proyecto pergeñado entre las mutualistas, el sindicato médico y el Ministerio de Salud Pública por el que se tomará el dinero de las AFAPS (es decir el dinero de los aportantes, los trabajadores) para financiar las mutualistas fundidas.
Todos nos deberíamos acordar que el sistema de reparto del BPS iba camino al colapso, con lo que las futuras generaciones iban a perder las posibilidades de recibir una jubilación acorde con los aportes realizados en una vida de trabajo. El diagnóstico era claro: el dinero de los aportes jubilatorios se volcaba en una gran cuenta innominada de la que luego los funcionarios y jerarcas retiraban dinero burlando los derechos de los legítimos dueños. Lo más común, era que se permitieran jubilarse a gente que nunca había aportado, pagándoles del dinero de los que sí lo habían hecho; en otros casos, el BPS prestaba a sus propios empleados dinero para comprarse casas (casa principal, casa de veraneo, alhajamiento de la casa, etc) a un interés negativo, es decir, mucho más bajo que la inflación.
Para terminar con ese despojo, se crearon las AFAPS. En las AFAPS cada aportante tiene una cuenta individual, donde las personas pueden ver a lo largo de su historia laboral todo el dinero que ha aportado. Parte del aporte se gasta en pagar el sueldo de administradores profesionales, que atendiendo exclusivamente los intereses de los trabajadores, invierten los aportes donde consideran que se conseguirá seguridad y buenos intereses. La suma de los aportes y los intereses ganados en las cuentas individuales es el dinero que estará disponible para la jubilación,
Ahora el plan de la ministra es ordenarle a los administradores de las AFAPS, que en vez de colocar nuestro dinero en inversiones seguras, se lo prestemos a las mutualistas, a las que ningún inversor en su sano juicio le prestaría dinero, porque muchas están mal administradas, su directorio es corrupto y están irremediablemente fundidas.
Así mientras trabajemos viviremos con la zozobra de no saber si el dinero que nos quitan para la jubilación irá para una inversión segura, o se tira a al pozo sin fondo de una institución fundida. Cuando nos jubilemos, no sabremos si nos quedará dinero en la cuenta o no.
Libertarianismo y libre inmigración
Hace 9 años